BENDICIONES
BENDICIONES.
Arieh Sztokman. Rabino
Nasó, la parashá que leeremos este Shabat es la más
extensa de las parshiot. Sin embargo, uno de los pasajes más
conmovedores, que además es uno de los que más impacto ha producido en el curso
de la historia, es realmente muy corto, es conocido por mucha gente, y es la bendición
sacerdotal.
El Señor le dijo a Moisés: Dile a Aaron y a
sus hijos: Así bendecirán a los hijos de Israel, diles a ellos: “Que el Señor
te bendiga y te proteja; que el Señor ilumine Su rostro hacia ti y te conceda
Su gracia; que el Señor torne Su rostro hacia ti y te conceda la paz. Pondrán
Mi nombre sobre los hijos de Israel y Yo los bendeciré.” (Números 6:23/27)
Este es uno de los más antiguos textos de oración.
Fue usado por los sacerdotes en el Templo de
Jerusalem.
Es recitado, en una casa judía, por los padres
cuando bendicen a sus hijos los viernes a la noche.
Es habitual dedicarlo a los novios en la jupá
(ceremonia de casamiento).
Es la más simple y la más hermosa de todas las
bendiciones.
Lo que les otorga a esos versos tanta fuerza es su
simplicidad y su belleza. Tienen una sólida estructura rítmica. Cada frase
contiene tres, cinco y siete palabras respectivamente. En cada una de ellas, la
segunda palabra es “el Señor”.
En las tres, la primera parte se refiere a una
actividad concerniente a Dios: “bendiga”, “ilumine Su rostro”, “torne Su rostro”.
La segunda parte describe el efecto de la bendición
sobre nosotros, dándonos protección, gracia y paz.
En cierta forma también se conectan con la
intimidad.
El primer versículo, “Que el Señor te bendiga y te
proteja”, refiere, a bendiciones materiales: sustento, salud física y otros.
El segundo, “Que el Señor torne Su rostro hacia ti
y te agracie” concierne a la bendición moral.
“Que el Señor torne Su rostro hacia ti”. Hay ocho
mil millones de personas en la faz de la tierra. ¿Qué nos hace ser más
que una cara en la multitud, una ola en el océano, un grano de arena en la
orilla del mar?
El hecho de que somos hijos de Dios. Él es nuestro
Creador. Torna su rostro hacia nosotros. Le importamos.
El Dios de Abraham no es una fuerza natural ni
tampoco la sumatoria de todas las fuerzas de la naturaleza
combinadas.
Pero el nombre utilizado en las bendiciones
sacerdotales y en casi todos los textos de ese tipo es el de Dios en su
relación con nosotros como personas, individuos, cada uno con su particular
configuración propia de esperanzas y temores, dones y posibilidades.
Es el aspecto de Dios que nos permite usar el
nombre “Tú”.
Él es el Dios que nos habla y que escucha cuando Le
hablamos.
Cómo ocurre esto, no lo sabemos, pero el hecho de
que sí ocurre es esencial para la fe.
Nosotros valemos como individuos porque Dios nos
cuida como lo hace un padre con su hijo.
Ese es uno de los motivos por los cuales las
bendiciones sacerdotales están todas en singular, para enfatizar que Dios nos
bendice, no sólo colectivamente sino también individualmente.
De ahí el significado de la última bendición. Saber
que Dios tornó Su rostro hacia nosotros, que no somos sólo una cara no
identificable en la multitud, sino que Dios se relaciona con nuestra
singularidad e individualidad, es la más profunda y definitiva fuente de amor y
paz.
Puedo provocarte temor. Puedo someterte a mi
voluntad, transformarte en mi víctima, mi súbdito, mi esclavo. Todas estas
cosas demuestran, no la fe, sino un profundo fracaso de la fe.
Fe significa que yo creo que a Dios le importo. Estoy
aquí porque Él quiso que estuviera. El alma que Él me dio es pura.
Esa es la más profunda fuente de paz interior.
No necesitamos comprobación alguna para saber que
estamos recibiendo una bendición de
Dios.
La prueba más significativa de que estamos siendo
bendecidos por Dios es nuestra propia vida.
¿Acaso
hacemos algo para circule la sangre por nuestras venas? ¿Hacemos algo para que
nuestro sistema nervioso funcione?
Todo ello, sin que nosotros nos demos cuenta, son
bendiciones de Dios.
Cuando estamos en paz con nosotros mismos, podemos
comenzar a estar en paz con el resto del mundo.
Esto sólo lo hace el amor.
Amor significa que no estamos enfocados solo en
nosotros mismos sino también en el otro.
Amor es abnegación. Y solo la abnegación nos
permite ser un canal a través del cual fluye una fuerza más grande que nosotros
mismos, el amor que “mueve el sol y las otras estrellas,” el amor que trae
nueva vida al mundo.
Para bendecir, debemos amar, y ser bendecido es
saber que estamos siendo amados por Él, que es más vasto que el universo, y que
sin embargo torna su rostro hacia nosotros como un padre a su hijo adorado.
Saber eso, es encontrar la verdadera paz espiritual.
Nosotros los seres humanos solo decimos el texto de
la bendición, el que nos bendice es Dios.
Eduquemos a todo aquel que quiera ser educado para
aprender a que estamos vivos gracias a que Dios nos bendice cada día, a no
darlo por sentado, sino por el contrario a valorarlo y agradecer este inmenso
regalo inmerecido que recibimos cada día.
SHABAT SHALOM
Comentarios
Publicar un comentario