CANTEMOS

 

CANTEMOS

            Amanda Adriana Arimayn. Arquitecta

            Arieh Sztokman. Rabino

En este Shabat 4 de octubre de 2025 del calendario gregoriano, 12 de Tishrei de 5786 del calendario hebreo leemos en la Tora la parashá Haazinu (Deuteronomio 32:1/52)

 

Con Haazinu (La parashá que leemos este Shabat) nos elevamos a una de las cimas de la espiritualidad judía. 

Durante un mes Moisés instruyó al pueblo. Les habló de su historia, de su destino, y de las leyes que adoptaría esa sociedad única de personas, ligadas por el pacto entre ellos y con Dios.

Renovó el pacto y luego entregó el liderazgo a su discípulo y sucesor, Josué hijo de Nun.

 último acto sería la bendición al pueblo, tribu por tribu.

Pero antes de ello debía hacer una cosa más: resumir su mensaje profético de tal manera que el pueblo lo pudiera recordar siempre y ser inspirado por él. Sabía que la mejor forma de hacerlo era con música.

Por eso, lo último que hizo Moisés antes de dar la bendición final fue enseñarles una canción. 

Hay algo profundamente espiritual en la música.

Cuando el lenguaje aspira a lo trascendente y el alma pugna por quebrar la tracción de la gravedad de la tierra, se modula en canto.

La historia judía es más cantada que leída.

Los rabinos enumeraron diez canciones en momentos claves de la nación: la canción de los israelitas en Egipto (Isaías. 30:29) la del mar Rojo (Éxodo. 15) la canción del manantial (Números. 21), y Haazinu, la canción de Moisés sobre el final de su vida (Deuteronomio 32). Josué hijo Nun cantó una canción (Josué. 10:12- 13), así como Débora (Jueces. 5), Jana (1 Samuel. 2).

Muchos textos bíblicos hablan del poder de la música para recomponer el alma.

Cuando Saúl estaba deprimido, David le tocaba el arpa y su espíritu se restauraba. (1 Samuel.16). David mismo era conocido como “el dulce cantante de Israel” (2 Samuel.23:1). Eliseo llamó al arpista para que el espíritu profético pudiera posarse en él (2 Reyes 3:15).

Los Levíim cantaban en el Templo.

En el judaísmo todos los días comenzamos los rezos matinales con Pesuké de Zimrá, los ‘Versos del Canto’ con su magnífico crescendo, el Salmo 150, en que los instrumentos y la voz humana se combinan para cantar alabanzas a Dios.  

Esto es lo que plantea el Salmo 19 cuando dice, “El firmamento aclama la gloria de Dios; los cielos proclaman el trabajo de Sus manos… 

Por eso, cuando rezamos, no leemos: cantamos.

Cuando abordamos los textos sagrados, no los recitamos: cantamos.

En el judaísmo cada texto y cada tiempo tienen su melodía específica.

Hay diferentes melodías para  shajaritminjá y maariv, los rezos de la mañana, la tarde y el atardecer. 

Hay melodías y modos distintos para los rezos de un día de semana, de un Shabat, de las tres festividades de peregrinación, Pésaj, Shavuot y Sucot (que musicalmente tienen muchas cosas en común, pero canciones particulares para cada una), y para los Iamim Noraim (Dias Terribles/Temibles), Rosh Hashaná y  Iom Kipur.  

Hay diferentes melodías para diferentes textos.

Hay un tipo de cantilación para la Torá, otra para las haftarot de los libros proféticos, y otra para las Ketubim, las Escrituras, especialmente las cinco Meguilot(Cantar de los Cantares, Rut, Ester, Lamentaciones y Eclesiastés)  

Hay un canto particular para el estudio de los textos de la Torá Escrita, y otro para estudiar la Mishná y la Guemará, juntos conforman el Talmud.

Por eso escuchando la música se puede determinar a qué día corresponde y qué tipo de texto se está usando.

 Los textos judaicos y los tiempos no se clasifican por código de colores sino por código de música. 

El mapa de las palabras sagradas está escrito en melodías y canciones. 

La música tiene el extraordinario poder de evocar emociones.

El rezo de Kol Nidre con el que comienza Iom Kipur no es en realidad un rezo. Es una fría forma legal para la anulación de los votos.

 No cabe duda de que es la melodía antigua, la que se ha engarzado en la imaginación judía.

Es difícil escuchar esas notas y no sentir que estás en presencia de Dios en el Día del Juicio, de pie en compañía de judíos de todos los tiempos y latitudes mientras rogaban al cielo por el perdón. Por los errores cometidos a lo largo del año.

Es el santo de los santos del alma judía.

Ni es posible en Tisha Be Av (9 del mes de Av), leyendo Eija, el libro de las Lamentaciones, con su particular cantilación, no pensar en las lágrimas de los judíos que a través de los tiempos sufrieron por su fe y lloraron mientras recordaban lo perdido, el dolor tan presente en esa instancia como el del día de la destrucción del Templo de Jerusalem.

Las palabras sin música son como cuerpo sin alma.  

La música es el lenguaje de la emoción no afectada por la pálida sombra del pensamiento.

Sugiere que cuando “recordamos” una melodía, recreamos una nota por vez, pero cada nota se relaciona con el todo. “Escuchar una melodía es oír, haber oído y estar por oír, todo al mismo tiempo.

Cada melodía nos anuncia que el pasado puede estar allí sin haberlo recordado, y que el futuro está sin haberlo previsto.”

La música es una forma de continuidad percibida que a veces puede romper las desconexiones más dominantes de nuestras experiencias en el tiempo. 

La fe es más parecida a la música que a la ciencia.

La ciencia analiza, la música integra.

Así como la música conecta nota con nota, la fe conecta episodio con episodio, vida con vida, edad con edad, en una melodía eterna que se inserta en el tiempo.

Dios es el compositor y el libretista. 

Cada uno de nosotros está llamado a ser una de las voces del coro, los cantantes de la canción de Dios. 

La fe es la capacidad de captar la música debajo del ruido.

Por eso, la música es señal de trascendencia.

La historia del espíritu judío está escrita en sus canciones. 

Perdemos las posesiones físicas, pero no las espirituales.

Perdimos físicamente a Moisés, pero aún nos queda la canción. 

La primera cantora es la madre acurrucando a su hijo bebe.

Cada viernes en la noche, cuando el varón de la casa vuelve de la sinagoga para celebrar Shabat con su familia es recibido con una canción “Shalom Aleijem Malajei Asharet…” Cuando se sienta a la mesa para hacer el Kidush (bendición sobre el vino) lo hace cantando.

Cuando termina la cena cantan la bendición para después de la comida.

 

SHABAT SHALOM

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