FIESTAS DE PEREGRINACION
FIESTAS DE PEREGRINACION
Amanda
Adriana Arimayn. Arquitecta
Arieh
Sztokman. Rabino
Las fiestas de peregrinación son festividades
religiosas que implican un viaje a un lugar sagrado.
Históricamente, el término se asocia con el
judaísmo, refiriéndose a las tres festividades de Pésaj, Shavuot y Sucot (conocidas como Shalosh
Regalim), donde los hijos de Israel peregrinaban al Templo de
Jerusalém.
Mientras el templo de Jerusalem estaba en pie y los
hijos de Israel vivían en su tierra las fiestas de peregrinación tenían
relación con la naturaleza y las tareas agrícolas.
Shavuot (Semanas) dado que se celebra 50 días
después de Pesaj, también llamada Jag Ha Bikurim (Fiesta de los primeros
frutos) y Sucot (Cabañas) también llamado Jag Ha Asif (Fiesta de la
recolección) era el momento de la recolección de todo lo que se había sembrado
y había crecido.
Durante el período del Templo, los hijos de Israel
peregrinaban a Jerusalém para presentar ofrendas.
Después del año 70 de la era común, habiendo sido
destruido el Templo de Jerusalem por los romanos, y los hijos de Israel
expulsados de su tierra, nuestros maestros les asignaron a las fiestas
mencionadas un sentido histórico, a saber:
Pesaj, la fiesta de la libertad, celebrando la
salida de la esclavitud de Egipto.
Shavuot, la fiesta de la entrega de la Tora,
celebramos el acontecimiento en el desierto de Sinaí, cuando Dios en el monte
Sinaí entrega la Torá a la humanidad allí presente.
Sucot es una de las festividades menos
conocidas fuera del ámbito religioso o tradicionalista; dista mucho de tener la
fama de la que gozan Yom Kipur, Pésaj o Rosh Hashaná. Sin embargo, es una de
las más bellas y más espirituales. En ella recordamos la importancia de la
felicidad, la armonía y el encuentro con Dios a través del mundo.
Durante una semana dormimos y comemos en
“sucot” (cabañas) que construimos en recuerdo del Tabernáculo que
acompañaban a los judíos en el desierto.
Es una forma muy bella de acercarnos a nuestra
realidad y de cerrar el ciclo de fiestas que caracteriza al período de las
Altas Fiestas.
Se festeja una semana después de Yom Kipur.
Sucot ocurría en el momento del año que el
trabajo con los granos y la siembra había finalizado. Cuando ya se habían
recolectado y limpiado los cereales, y era el tiempo de guardarlos y
preservarlos. Es decir, el momento del año que mayor abundancia había.
Un momento también donde se hacían numerosos
sacrificios de agradecimiento en el templo de Jerusalem.
Justo en esa fecha es que la Torá te pide
construir una cabaña humilde con techo de palma para que vivas en ella una
semana.
En el esplendor de la abundancia, la nación de
Israel estaba obligada a recordar su pasado como esclavos en Egipto.
A salir de la suntuosidad para poder ver con
nuevos ojos su realidad.
Porque “las naciones que olvidan su pasado,
los momentos de dureza lentamente decaen”.
Sucot, la fiesta de las cabañas, para recordar que
durante la caminata en el desierto al salir de la esclavitud estuvieron
viviendo en endebles cabañas.
Hoy en Sucot, que tenemos tierra, pero no tenemos
Templo tomamos en consideración lo que está escrito en Deuteronomio 16:13/14
“…Ve aita aj sameaj” (Y te alegraras).
Sin embargo, lo que distingue a
esa experiencia es precisamente la alegría.
Esa temporalidad y
vulnerabilidad a la que somos arrojados durante una semana en realidad nos
enseña a apreciar el momento presente y encontrar la felicidad en el mundo que
nos rodea.
Nos saca de nuestra casa y
nuestra rutina para que aprendamos a vernos en nuestra forma más elemental y
reconozcamos no sólo la fuerza interna que tenemos, sino también la alegría que
surge de poder apreciar el presente y la temporalidad.
Justo el libro que se lee como
celebración de Sucot es el Eclesiastés donde se reconoce lo efímero de la
existencia, el tiempo corto que tenemos de vida y se celebra la belleza de
dicha realidad.
Ahora, tras haber superado la
prueba, llega la pregunta más profunda de todas. ¿Qué es realmente la vida?
¿Qué es este don que se nos ha concedido? ¿Qué da sentido, propósito y
sustancia a la vida? ¿Qué nos redimirá de la sombra de la muerte? La respuesta
de Kohelet (Eclesiastés) es, en una palabra, la alegría “simja”
Lo que redime la vida y la con
el carisma de la gracia es la alegría en tu trabajo: “dulce es el sueño del
hombre laborioso” (Kohelet 5:11); alegría en tu matrimonio: “ve la vida con la
mujer que amas” (Kohelet 9:9); y alegría en los placeres sencillos de la vida:
“alégrate cada día”.
La alegría “simja” no implica,
como la felicidad, un juicio sobre la vida en su conjunto.
La alegría vive el momento. No
hace preguntas sobre el mañana; celebra el poder del ahora.
A su vez esa vulnerabilidad que
nos rodea al mismo tiempo es cobijada por la compañía de amigos y familiares
con los cuales cenamos en las noches de Sucot.
En cierta forma la festividad
nos permite encontrarnos dentro de este hogar temporal y vernos sin la
protección de una casa, encontrar alegría en ello, pero también nos enseña que
no estamos solos que podemos hacerle frente a la adversidad cuando nos unimos y
actuamos como comunidad.
La Sucá misma es un recuerdo de
las tiendas que nuestros antepasados construyeron en el desierto, nos unimos a
ellos a través de continuar su historia.
Esa misma unión la extendemos a
la humanidad y se recuerda el momento en que el mundo pueda juntarse en
alabanza.
En la época en la cual el ser humano se ocupaba de
trabajar la tierra, comenzaba las tareas y sus preocupaciones arando la tierra,
comprando las semillas, sembrando y esperando que lo sembrado crezca.
Así durante todo el año hasta que llegaba el tiempo
de la recolección (Sucot), allí concluía con su trabajo y sus preocupaciones,
entonces la pregunta era ¿Y ahora que hago? Por ello la Tora le dice
“Alégrate”.
No es una cuestión externa sino por el contrario es
un sentimiento interno.
Sentirse alegre y compartirlo con familiares y
amigos.
Hoy en el siglo XXI que el trabajo de la tierra no
requiere tanto esfuerzo, sino que por el contrario los adelantos tecnológicos
hacen que sea una tarea mas liviana el alegrarse adquiere mayor relevancia
dejado de lado las redes sociales para encontrarnos cara a cara, corazón a
corazón y celebrar juntos.
El encontrarnos, dialogar, cantar, hacer juntos,
“yo me alegro porque tu estas alegre” es lo que lo hace maravilloso.
ESTAMOS VIVOS, ALEGREMONOS.
JAG SAMEAJ
Comentarios
Publicar un comentario