HAGAMOS EL BIEN
HAGAMOS EL BIEN.
Amanda
Adriana Arimayn. Arquitecta
Arieh
Sztokman. Rabino
La Torá nos enseña, utilizando a
José como modelo, cuan maravillosos somos los seres humanos. Somos valiosos,
únicos e irrepetibles, todos creados por Dios.
A cada uno de nosotros Dios nos
ha regalado dones, y tenemos la libertad de utilizarlos para bien o para mal.
Podrán decir que no es así dado
que en el mundo hay ladrones, asesinos, corruptos de todo tipo, mentirosos,
etc., etc., etc. Es cierto, pero como seres humanos son valiosos, solo que han
cometido errores en la utilización de los dones que Dios les regaló y tienen la
oportunidad de reparar sus acciones.
“Y tomó el amo de José a él y le
puso en prisión, lugar donde los presos del rey estaban encarcelados. Y estuvo
allí en la prisión” (Genesis 39:20)
José fue encarcelado como
consecuencia de una mentira en su contra dicha por la esposa de su amo.
Estando en prisión José escuchó
los sueños de dos compañeros suyos, les dio respuesta y la misma se hizo
realidad.
Es muy importante poner de
manifiesto lo que José les dijo previamente: “…Les dijo José: Ciertamente a
Dios (Elohim) pertenecen las interpretaciones; contadme ahora, a mí.” (Genesis
40:8)
Podemos entender este versículo
de dos formas diferentes y tal vez opuestas.
Si las interpretaciones
pertenecen a Dios porque le tienen que contar el sueño a José, se puso en lugar
de Dios como acto de soberbia o lo contrario puso de manifiesto su humildad
depositando su fe en Dios y el, José, es un simple emisario.
Lo que José les dijo se hizo
realidad por lo tanto la interpretación de Dios dicha por José fue valida y
José no se atribuyó ningun merito, podemos entender que no hubo soberbia en su
accionar, sino humildad, ayudar al otro.
Transcurrieron dos años durante
los cuales José nada dijo, por lo tanto, podemos suponer que esperó sin desesperar,
sino que por el contrario esperó con confianza, es decir tuvo esperanza que
saldrá de prisión.
A los dos años ocurrió un suceso
inesperado, el Faraón (Rey de Egipto) soñó y no hubo quien interpretara sus
sueños. Súbitamente el jefe de los escanciadores se acordó que José le había
resuelto su sueño y entonces se lo informó el Rey de Egipto.
“Mandó el Faraón y llamó a José.
Y le sacaron con prontitud de la mazmorra. Se rasuró y cambio sus ropas y
compareció ante el Faraón” (Genesis 41:14)
¿No tuvo temor de presentarse
ante el Faraón? ¿No tuvo vergüenza? Tuvo pensamientos positivos.
Aparentemente tenía confianza en sí
mismo, fe en Dios, y la seguridad que podía hacer el bien.
“Dijo el Faraón a José: Un sueño
he soñado mas no hay quien lo interprete y yo he oído acerca de ti, diciendo,
que escuchas un sueño y lo interpretas. Replico José al Faraón diciendo: ¡No
está en mí! ¡Elohim habrá de responder por la quietud del Faraón! (Genesis
41:15/16)
La grandeza, la belleza y la
adulación no conmueven la fe incólume de José aparentemente visto por el Faraón
como interprete de sueños, rechaza delicadamente este concepto al presentarse
como instrumento de Dios, que habrá de proporcionar la quietud al Faraón y la
paz al reino.
José hace sin buscar para si retribución
alguna, al contrario, hace el bien para los habitantes del país que todavía no
es el suyo.
Además, saca coraje de dentro
suyo y le aconseja al Faraón que debiera hacer en el supuesto que se haga
realidad lo que el ha dicho.
Todo lo que la Torá nos cuenta
que ha hecho José también nosotros, los seres humanos simples que caminamos por
las calles, podemos hacerlo y quizá mucho mas y mejor, por lo tanto, HAGAMOS EL
BIEN EN FAVOR NUESTRO Y DE LOS OTROS.
SHABAT SHALOM
Janucá Sameaj.
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