HAGAMOS COMUNIDAD
HAGAMOS COMUNIDAD.
Arieh
Sztokman. Rabino
¿Qué haces cuando tu pueblo entra en un estado
caótico, y pierde todo sentido de la ética y de la orientación espiritual?
¿Cómo haces para restaurar el orden moral – no solo entonces, en los días de Moisés,
sino aún ahora? La respuesta está en la primera palabra de la parashá de
hoy,
Vayakel (Congregó).
Una persona enfrentada a un león: gana este último.
Diez personas contra el león, éste puede perder.
El Homo sapiens, en términos de fuerza y velocidad,
es un contendiente pobre comparado con ejemplares del reino animal.
Pero los seres humanos tenemos habilidades
particulares cuando se trata de crear y sostener grupos. Tenemos el lenguaje:
podemos comunicarnos. Tenemos cultura: podemos transmitir nuestros
descubrimientos a generaciones futuras. Los humanos formamos grupos más grandes
y más flexibles que cualquiera otra especie, dejando al mismo tiempo espacio
para la individualidad.
No somos hormigas en una colonia o abejas en un
panal.
El ser humano es un animal que crea comunidad.
Sobrevivimos como grupo.
La política divide. Por lo tanto, si nos
involucramos en ella, también sería un factor de división.
Fue por eso que la religión se mantuvo separada de
los temas políticos.
También orientó a las personas a formar comunidades
cercanas a los lugares de culto. Alentó a los integrantes de esas comunidades a
actuar en forma conjunta en aras del bien común.
El gran peligro para la democracia, es el
individualismo. Son las personas que se preocupan por su propio bienestar, no
por el de los demás. En cuanto a los otros, el peligro es que dejen su
bienestar en manos del gobierno, proceso que termina con la pérdida de la
libertad al asumir el Estado cada vez más la responsabilidad total de la
sociedad.
Un fuerte volumen de capital social aún existe y
puede encontrarse en los lugares de culto. Los asistentes asiduos a las
iglesias y sinagogas son más propensos a donar dinero para caridad, sin tener
en cuenta si el destino de los fondos es religioso o secular. También están más
dispuestos al voluntariado para obras de caridad, dar dinero a los sin techo,
acompañar a una persona que está en estado de depresión, darle el asiento a un
desconocido o ayudar a alguien a conseguir trabajo.
Analizando las actitudes, la religiosidad
medida por la asistencia a la iglesia o sinagoga es el mejor indicador del
altruismo y la empatía: mejor que la educación, edad, ingresos, género o raza.
La religión crea comunidad, la comunidad crea
altruismo, y el altruismo nos aleja del yo y nos acerca al bien común. Un ateo
que asiste regularmente a una sinagoga es más probable que done para caridad
que un creyente que reza en soledad.
Lo que hizo Moisés fue Vayakel (Congregó) –
transformar a los hijos de Israel en una kehilá, una comunidad.
Esto lo hizo en el obvio sentido de restaurar el
orden.
Cuando Moisés bajó de la montaña y vio que el
pueblo era “salvaje,” “desordenado,” “caótico,” “rebelde,” “tumultuoso.”
“Vio que el pueblo corría salvajemente y que Aarón había permitido el
descontrol transformándose en el hazmerreír de sus enemigos.” (Éxodo 32:25)
No eran una comunidad sino una muchedumbre.
Comenzó recordándoles las leyes de Shabat. Después
les instruyó cómo hacer para construir el Mishkán, el Santuario,
lugar simbólico para alojar a Dios.
¿Por qué estas dos órdenes y no otras? Porque el
Shabat y el Mishkan son las dos maneras más poderosas para
construir una sociedad. La mejor manera de transformar a un grupo desconectado
en equipo es hacer que construyan algo juntos. Por eso el Mishkán.
La mejor manera de fortalecer las relaciones es
asignar un tiempo a la búsqueda, no de lo individual e interés propio sino de
algo que se comparte, rezando juntos, estudiando Torá juntos, y celebrando
juntos – en otras palabras, el Shabat.
Hoy en el siglo XXI seguimos teniendo el Shabat,
¡Qué maravilla! por ello a fin de reunirnos físicamente y dejar los celulares
apagados, propongo llamar por teléfono, a la antigua, es decir hablando, e
invitar a compartir en la sinagoga la ceremonia religiosa del viernes a la
noche (Kabalat Shabat) como así también la ceremonia religiosa del Shabat en la
mañana con lectura de Tora y Haftara y participar en sus comentarios.
El participar presencialmente en la sinagoga nos
permite conocernos, conocer nuestros nombres, socializar y aprender y enseñar
uno de otro.
Shabat y Mishkán fueron las dos grandes
experiencias de construcción comunitaria de los hijos de Israel en el desierto.
Aún más: en el judaísmo, lo es esencial para la
vida espiritual. Nuestros rezos más sagrados requieren un minián (diez
personas). Cuando estamos de fiesta o de duelo lo hacemos como comunidad.
En el judaísmo, es como comunidad que
estamos ante Dios. Para nosotros la relación clave no es Yo-Tú sino
Nosotros-Tú.
Cuando rezamos decimos “Eloheinu” (Dios nuestro) no
decimos Dios mio.
Por lo tanto, Vayakel no es un
episodio cualquiera en la historia de Israel. Hallamos a Dios en comunidad.
Desarrollamos virtud, fuerza de carácter y asumimos el compromiso por el bien
común de la comunidad. La comunidad es local. Es la sociedad con cara humana.
No es gobierno. No son las personas a las que pagamos para que cuiden a los
nuestros. Es el trabajo que hacemos nosotros, juntos. La comunidad
es el antídoto contra el individualismo por un lado y contra la dependencia
excesiva del estado, por el otro. Y comenzó con nuestra parashá, cuando Moisés
transformó una multitud caótica en una kehilá, una comunidad.
SHABAT SHALOM
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