NUESTRO NOMBRE

 

NUESTRO NOMBRE

            Arieh Sztokman. Rabino

 

En este sábado 16 de mayo de 2026 del calendario gregoriano, 29 de Iyar de 5786 del calendario hebreo, hemos de comenzar a leer el cuarto libro de la Torá llamado Bemidbar (en el desierto) el cual ha sido traducido con el nombre de Números. Lleva este nombre en virtud de los censos que se han realizado durante el peregrinar por el desierto.

Es muy importante, en mi opinión, que la Tora hable de “censo” porque está refiriéndose a personas, caso contrario hubiese sido un “inventario”.

Al mismo tiempo enumera los nombres de las personas cabeza de tribu y otros nombres más.

El hacer mención de los nombres de las personas es muy importante dado que solo los seres humanos tenemos nombre, los objetos no lo tienen, la mesa, la silla, el vaso, la copa siempre son llamados de la misma forma.

En la historia, hemos vivido y tal vez aprendido que cuando el sistema político quiso deshumanizar a las personas y cosificarlas, la mayoría judíos, les anuló el nombre y le grabó, imprimió un número en el brazo.

El nombre que llevamos, en general, nos fue asignado por nuestros padres. En la tradición judía, en la mayoría de los casos, los varones llevamos dos nombres, uno en castellano que consta en nuestros documentos de identidad y otro en hebreo que se nos asigna en el momento de la circuncisión que sucede casi siempre a los ocho días del nacimiento del bebe.

El nombre que se nos asigna, en la mayoría de los casos, es el de un familiar fallecido, es así como hacemos que el fallecido siga viviendo y contamos su historia.

Por ello el nombre que llevamos es historia pasada y presente.

Al mismo tiempo se nos educa a vivir cumpliendo leyes del país en el cual habitamos y así logramos hacernos “un buen nombre”.

Es muy importante, en mi opinión, que al hablar con una persona aprendamos su nombre para no decirle “che”, “vos” y menos todavía el epíteto que comienza con “bo” y muchos otros conceptos que cosifican a la persona con quien hablamos.

Tampoco utilizar términos como “tercera edad”, “adultos mayores” que no llevan nombre, son formas de cosificarnos.

Sugiero averiguar el nombre del sacerdote, del sheij y del rabino es muy bueno y respetuoso llamarlos por sus nombres.

Llamarnos por nuestro nombre es principalmente RESPETO, uno de los valores mas importantes en nuestra vida cotidiana.

 

SHABAT SHALOM.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

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