AMISTAD

 

Amistad

         Arieh Sztokman. Rabino

 

En este Shabat 6 de junio de 2026 del calendario gregoriano, leemos en la Torá la parashá Behaaloteja (Números 8:1-12:16)

En la parashá de esta semana Moisés llega a su punto más bajo.

No es para sorprenderse.

Después de todo lo que ocurrió – los milagros, el éxodo, la partición del mar, el alimento caído del cielo, el agua surgente de la roca, la revelación del Sinaí incluyendo el pacto – la gente, nuevamente, se quejaba de la comida. Y no porque tuvieran hambre, sino simplemente de aburridos.

“Si sólo tuviéramos carne para comer! recordamos el pescado que comíamos gratuitamente en Egipto – los pepinos, los melones, el puerro, las cebollas, el ajo… Mas ahora nuestra alma está seca, no hay nada. Nada excepto el man (comida que caía desde el cielo) hay ante nuestros ojos” (Números 11:5/6)

Cualquier líder entraría en desesperación en un momento así.

Lo que impacta es la profundidad del sentimiento de Moisés, la sinceridad con que lo manifiesta, y la implacable honestidad con la que la Torá nos cuenta esta historia.

Esto es lo que Moises le dice a Dios: “Dijo Moisés a Adonai ¿Por qué has obrado el mal para con tu servidor, y por que no he hallado gracia ante Tus ojos, para poner la carga de todo este pueblo sobre mí? Acaso ¿Yo he concebido a todo este pueblo o yo lo he parido, para que Me digas a mi: Álzalo en tu seno, como alza el ayo al lactante, ¿hasta la tierra que has prometido a sus padres? ¿De donde tengo yo carne para dar a todo este pueblo?

(Números 11:11/13)

Ayo: Educador o tutor: En español tradicional, se le llama "ayo" (o "aya" en femenino) a la persona encargada de custodiar, educar y cuidar a los niños o jóvenes en una casa.

Todo ser humano, en algún momento de su vida enfrenta el fracaso, la derrota y el amenazante abismo de la desesperación.

Lo que es fascinante es la respuesta de Dios.

No le dice a Moisés, “No te preocupes, debes recomponerte, tú eres más grande que todo esto.”

En vez de eso le da un consejo práctico: “Reúneme setenta hombres, de los ancianos de Israel, que tu conoces, y que son los ancianos del pueblo y sus aguaciles. Los traerás a la Tienda de Reunión y que estén erguidos contigo. Me revelare y hablare allí contigo y separaré del espíritu que hay sobre ti, y pondré sobre ellos y soportaran contigo la carga del pueblo y no habrás de soportar tu solo. (Números 11:16/17)

Es como si Dios le estuviera diciendo a Moisés: “Recuerda lo que te dijo tu suegro Jetro: no trates de liderar solo. No trates de vivir solo. Aun tú, el más grande de los profetas, eres un ser humano, y los humanos son animales sociales. Llama a otros. Elige asistentes. Termina con tu aislamiento. Hazte de amigos.”

Lo movilizante de este episodio es que, en el momento de mayor vulnerabilidad emocional de Moisés, Dios Mismo le habla a Moisés como amigo.

Moises sos un ser humano de carne y huesos no sos de plástico ni tampoco de acero inoxidable.

Dios no es (meramente) el Creador del universo, el Señor de la historia, el Soberano, el Dador de leyes y Redentor, el Dios de las mayúsculas. Es también cercano, tierno, amante: “Sana a los que están afligidos y les venda las heridas” (Salmo 147:3).

Él es como un pastor: “Aunque camine por el valle de la sombra de la muerte, no temeré ningún mal, pues Tú estás conmigo” (Salmo. 23: 4).  

Él siempre está allí: “Dios está cerca de todos los que Lo llamen – de todos los que Lo llamen en verdad” (Salmo. 145:18).

¿Estamos cerca de Dios?

Los amigos cuentan.

Modelan nuestras vidas.

No solo tener amigos importa; también lo es tener amigos buenos.

Si los amigos son activos, alegres y con hábitos sanos, es probable que uno también lo sea, y de igual forma, lo contrario.

Los hábitos son contagiosos.

Hasta los amigos de los amigos y sus amigos pueden influenciar sobre el comportamiento.

Busca hacerte amigo de los que desean lo mejor para ti.

O, como lo plantearon más brevemente los sabios: “Consíguete un mentor y adquiere un amigo para ti.” (Tratado de Principios. Capítulo I, Mishna 6)

Dios le dijo que reuniera setenta ancianos para compartir el peso del liderazgo con ellos.

No había nada que ellos pudieran hacer que fuera imposible para Moisés: no necesitaba su asistencia práctica.

Pero fue un alivio para su aislamiento. Compartieron su espíritu.

En estos tiempos en que nos contactamos electrónicamente, mas que nunca debemos apagar las pantallas y encontrarnos cara a cara para dialogar, aprender uno del otro, compartir historias, conocernos, aceptarnos para hacer juntos un mundo mejor.

Le dieron el regalo de su amistad. Es algo que necesitamos todos.

Somos animales sociales.

De ahí la idea que cambia la vida: tendemos a transformarnos en lo que son nuestros amigos.

Por lo tanto: elige como amigos a personas que son lo que tú aspiras a ser.

Tengamos cuidado, el refrán nos dice: “Dime con quien andas y te diré quién eres”

“Acude a los sabios, y te harás sabio, pero el que frecuenta a los necios se echa a perder” (Proverbios 13:20)

Dios es nuestro Amigo que nos educa, nos ayuda, nos acompaña y es importante que sepamos que no nos castiga.

Mucha gente, aún hoy, está equivocada cuando dice: “Que mal habré hecho en mi vida para que Dios me castigue así”:

 

Qué es Amistad:

La amistad es una relación afectiva, a la cual están asociados valores fundamentales como el amor, la lealtad, la solidaridad, la incondicionalidad, la sinceridad y el compromiso, y que se cultiva con el trato asiduo y el interés recíproco a lo largo del tiempo.

 

¿Te sentís amigo de Dios?

 

SHABAT SHALOM

 

 

 

 

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