PENSAMIENTOS POSITIVOS
PENSAMIENTOS POSITIVOS.
Arieh
Sztokman. Rabino
Moisés envía a doce hombres a explorar la tierra.
Eran líderes, príncipes de sus tribus, personas de distinción. Sin embargo,
diez de ellos retornaron con un informe desmoralizante. La tierra, dijeron,
efectivamente es buena, ahí fluye leche y miel. Pero la gente es muy fuerte.
Las ciudades son grandes y bien protegidas.
Caleb uno de los doce exploradores trató de
calmarlos: “Nosotros podemos.” Pero los diez dijeron que no era posible. Esas
personas son más fuertes que nosotros. Ellos son gigantes, y nosotros, como
langostas.
Y entonces ocurrió el terrible episodio. El pueblo
perdió la esperanza. “¡Si solo” dijeron, “nos hubiéramos muerto en Egipto!
Elijamos un líder y volvamos a Egipto.” Dios se
enojó.
Moisés rogó que tuviera piedad.
Dios consintió, pero recalcó que, de esa
generación, salvo los dos exploradores que habían disentido, Caleb y Josue,
ninguno viviría para ver la tierra.
El pueblo permanecería en el desierto por cuarenta
años, y allí moriría. Sus hijos eventualmente heredarían lo que podría haber
sido de ellos si hubieran tenido fe.
Para entender este pasaje es esencial percibir que
el informe de los diez exploradores era totalmente infundado.
Sólo mucho más tarde, en el libro de Josue, cuando
él mismo manda exploradores, se enteraron por Rahab, la mujer que los alojaba,
qué fue lo que pasó cuando los habitantes de la tierra se enteraron de que
llegaban los hijos de Israel.
“Yo sé que el Señor les ha
dado esta tierra, y que el terror ante ustedes ha descendido sobre
nosotros, y todos los habitantes de esta tierra se derriten de temor ante
ustedes… Apenas nos enteramos, nuestros corazones se derritieron, y no quedaba
nada de coraje en ninguno de nosotros por causa de ustedes.”(Josue. 2:9-11)
Los explotadores tenían terror de los habitantes
del lugar, a quienes no habían visto.
Pensaron que no iban a poder. El miedo generado por
sus pensamientos les impidió moverse y decretaron que no iban a poder.
Descartaron lo positivo como insignificante y
enfocarse casi exclusivamente en lo negativo.
Los exploradores comenzaron destacando lo positivo:
“La tierra es buena, vean los frutos.” Después vinieron los “peros”:
una larga serie de opiniones negativas infundadas, anulando las buenas y
resaltando las malas en forma preponderante.
La tendencia catastrófica, espera que suceda
el desastre, sea lo que fuere. Es lo que pasó cuando el pueblo clamó: “Por qué
nos ha traído el Señor a esta tierra para dejarnos morir por la espada?
Nuestras mujeres y niños serán tomados como botín.”
Suponemos saber lo que piensan otras personas,
cuando por lo general estamos completamente equivocados, por concluir que sus
pensamientos coinciden con los nuestros y no son los que en realidad les
pertenecen.
Es imposible saber lo que la otra persona siente o
piensa a menos que nos lo diga.
Decir que yo sé lo que la otra persona piensa es
falso.
Es el caso de los exploradores cuando dijeron
“Nosotros somos como langostas y así nos ven ellos.”
No tenían cómo saber cómo eran vistos por los
habitantes de la tierra, pero transmitieron erróneamente un sentimiento basado
en sus propios temores subjetivos.
Se rechaza cualquier evidencia o propuesta que
pueda contradecir los pensamientos negativos.
Los exploradores escucharon el argumento disidente
de Caleb pero lo descartaron. Habían decidido que cualquier intento de
conquistar la tierra fracasaría, y sencillamente no estaban dispuestos a
considerar cualquier otra interpretación que no fuera la propia.
Los sentimientos, y no la deliberación cautelosa,
define el pensamiento.
Un ejemplo clave es la interpretación de los exploradores
acerca del hecho de que las ciudades eran “fortificadas y muy grandes” (Números.
13: 28), o “con paredes hasta el cielo” (Deuteronomio. 1: 28).
No se detuvieron a pensar que la gente que necesita
paredes muy altas para protegerlas es porque en realidad son temerosos.
Si hubieran podido hacerlo, podrían haberse dado
cuenta de que los habitantes del lugar no se tenían confianza, no eran gigantes
ni invulnerables.
Pero permitieron que sus sentimientos sustituyeran
a sus pensamientos.
La culpa. Acusar al otro de ser
responsable por nuestra situación crítica en vez de aceptar nuestra propia
responsabilidad.
Esto es lo que hizo el pueblo después del informe
de los exploradores. “Murmuraron contra Moisés y Aarón” (Números. 14: 1) “Es
toda culpa tuya. ¡Si solo nos hubieras dejado permanecer en Egipto!” Las
personas que culpan a otros se ven a sí mismos como imposibilitados de
cambiar. Son víctimas pasivas de fuerzas que están más allá de su
posibilidad de controlarlas.
Frecuentemente nuestros sentimientos
distorsionan nuestra percepción. Vemos lo que tememos – y muchas veces
creemos ver algo que no está allí para nada. “lo único que debemos temer…es al
miedo mismo – el terror innominado, irracional, injustificado, que paraliza los
esfuerzos necesarios para convertir el retroceso en avance.”
Está la idea transformadora de vida: nunca permitas
que tus emociones negativas distorsionen tus percepciones. No eres langosta.
Los que se te oponen no son gigantes. Para ver el mundo como es y no como temes
que sea, deja que la fe elimine al miedo.
En la vida cotidiana lo positivo y lo negativo
coexisten y se necesitan mutuamente. Elijamos pensamientos positivos.
SHABAT SHALOM
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