APRENDER Y ENSEÑAR

 

APRENDER Y ENSEÑAR

                        Arieh Sztokman. Rabino

 

Fue uno de los grandes momentos de transformación personal, y no resultó solamente un cambio para Moisés, sino que modificó toda nuestra concepción de conductor.

Si una persona que no supiera nada de judaísmo y del pueblo judío preguntara cuál es el libro que podría explicar quiénes son y además señalar lo que mejor hacen los judíos, ese libro es el de Devarim (Deuteronomio). Ningún otro encapsula y expone dramáticamente todos los elementos clave del judaísmo relacionados con su fe y su modo de vida.

Es muy bueno ser judío.

Más poéticamente, Antoine de St. Exupery dijo: “si quieres construir una nave, no congregues a la gente para juntar madera y no le asignes trabajo y tareas, sino enséñales a desear la infinita inmensidad del mar”.

A través de los discursos que leemos en el libro Devarim (Deuteronomio), Moisés les dio a los hijos de Israel su Por qué.

Ellos constituyen el pueblo de Dios, la nación en la cual el Creador ha depositado Su amor, el pueblo al que rescató de la esclavitud y le dio, bajo la forma del Decálogo la constitución de la libertad.

Puede ser y es un pueblo pequeño, pero es único.

En el último mes de su vida, Moisés se convirtió en Moshé Rabenu, “Moisés, nuestro maestro”.

Fue el primer ejemplo en la historia en el cual los judíos se han destacado: el conductor como maestro.

Moisés sabía con certeza que muchos de sus grandes logros no durarían eternamente.

El pueblo al que había conducido, algún día volvería a sufrir persecuciones y exilios. En esa oportunidad, ya no tendrían a Moisés.

Por eso, sembró una visión en sus mentes, esperanza en sus corazones, disciplina en sus actos y una fortaleza en sus almas que no se desvanecería jamás.

Cuando los conductores se transforman en educadores, cambian vidas.

Por otro lado, su valoración de los maestros es casi ilimitada. “Que el temor a tu maestro sea como el temor al cielo” dice el Talmud.  

Rambam (Maimonides) establece que el respeto y la reverencia a tu maestro deben ser aún mayores que el respeto y reverencia a tus padres, porque tus padres te trajeron al mundo, mientras que tus maestros te harán entrar al Mundo Venidero.

Cuando alguien impone su poder sobre nosotros, nos disminuye, pero cuando alguien nos enseña, nos ayuda a crecer.

Es por eso que el judaísmo, con su aguda preocupación por la dignidad humana, insiste en la educación

Y todo comenzó con Moisés, hacia el final de sus días.

Los maestros son los constructores no reconocidos del futuro, y si un conductor busca hacer un cambio duradero, debe seguir los pasos de Moisés y transformarse en educador.

El conductor como maestro, al utilizar la influencia y no el poder, la autoridad espiritual e intelectual en lugar de la fuerza coercitiva, fue una de las más grandes contribuciones que ha hecho el judaísmo a los horizontes morales de la humanidad.

Y puede verse con la mayor claridad en el libro de Devarim (Deuteronomio) cuando Moisés, en el último mes de su vida, convocó a la generación siguiente y le enseñó leyes y lecciones que servirán como factores de supervivencia e inspiración, mientras haya seres humanos sobre la tierra.

Moisés lo que hizo, cambió el curso de la historia judía.

Durante un mes Moisés congregó al pueblo a la orilla oriental del Jordán y se dirigió a ellos.

Él quería exponer, explicar, clarificar.

Él quería que el pueblo comprendiera que el judaísmo no es una religión misteriosa, solo comprensible para unos pocos.

Es una “herencia de toda la congregación de Jacob”.

Él quiere que el pueblo comprenda que las leyes que le ordenó Dios son por su propio bien, no sólo por el de Dios mismo.

Moisés se transformó en el pionero de lo que quizás sea la contribución mayor del judaísmo la idea del maestro como héroe.

Lo que sabía Moisés es que la mayoría de las batallas importantes no son militares. Son espirituales, morales, culturales.

Una victoria espiritual cambia vidas.

Pero las victorias espirituales pueden – si su lección no es olvidada – durar para siempre.

Pero aquellos que enseñan a la gente a ver, a preguntar, a sentir y a actuar en forma diferente, que agrandan los horizontes morales de la humanidad, son, por cierto, más inusuales. De estos, Moisés fue el más grande.

En palabras grabadas en el corazón judío desde entonces, le dice a todo el pueblo que ellos deben transformarse en una nación de educadores.

En Deuteronomio una nueva palabra entra en el vocabulario bíblico: el verbo l-m-d, que significa enseñar. El mismo no aparece ni una sola vez en Génesis, Éxodo, Levítico ni en Números. En Deuteronomio aparece diecisiete veces.

No hay registros de nada parecido en el mundo antiguo con respecto a la educación universal.

Los judíos se transformaron en el pueblo cuyos héroes eran maestros, cuyas ciudadelas eran escuelas y cuya pasión era el estudio y la vida de la mente.

Se convirtió en líder, no de su tiempo, sino de todos los tiempos. El cuerpo de Moises no acompañó a su pueblo al entrar en la tierra, pero sí lo hicieron sus enseñanzas.

Sus hijos no lo sucedieron, pero sí sus discípulos. Pudo haber sentido que no transformó a su pueblo en vida, pero en la perspectiva global de la historia lo cambió más de lo que cualquier otro conductor pudo haberlo hecho, transformándolo en el pueblo del libro y la nación que construyo escuelas y casas de estudio.

Hoy en el siglo XXI, un mundo globalizado, después de acontecimientos terribles que nos ha tocado vivir, en los cuales la dignidad humana se ha dejado de lado, y mas aun la dignidad de la diferencia, entiendo que debemos aprender de Moises, es decir educar y educarnos.

En el mundo occidental, también, ha habido cambios positivos que entiendo debemos conocerlos y aplicarlos dado que son para nuestro bien.

Aprender a compartir.

Transformar el “yo” en “nosotros”.

Apagar los aparatos celulares y DIALOGAR. 

Hacernos un tiempo, dejar de ganarnos la vida para empezar a vivir, para que, juntos, estudiemos la Biblia es decir el Tanaj (Biblia hebrea) y Nevo Testamento, como así también el libro de oraciones (Sidur). Compartir.

Yo quiero replicar lo hecho por Moises.

Yo no soy conductor, me considero un facilitador, quiero compartir lo que he aprendido en mi vida y aprender lo que me quieran enseñar.

Muchas Gracias.

 

SHABAT SHALOM

 

 

 

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