EL BIEN COMUN
EL
BIEN COMUN
Arieh Sztokman. Rabino
Una de las tareas más difíciles para cualquier persona – desde un primer
ministro hasta un padre – es la resolución de conflictos.
Pero es también una de las más vitales.
Lo más fácil es enojarse, no hablar y separarse.
Cuando no hay voluntad de acordar, cuando las partes carecen de gracia,
generosidad de espíritu y capacidad de respetar otros puntos de vista, hay
división, rencor, agresión, silencio, resentimiento, y falta de confianza.
Las personas que quieren compartir son los que colocan los intereses del
grupo por encima de cualquier subsector e inclusive dejan de lado el interés personal.
Se dedican, e inspiran a los demás a hacerlo, a preocuparse por el bien
común.
Es por eso que un episodio de la parashá Matot es de suma
importancia.
Comienza así: Los hijos de Israel estaban en la etapa final de su
travesía hacia la Tierra Prometida. Situados
en la costa este del Jordán.
Dos de las doce tribus, las de Rubén y Gad, que tenían grandes rebaños y
ganados, consideraron que la tierra que ocupaban en ese momento era ideal para
sus fines. Era una buena superficie para el pastoreo.
Por tal motivo se acercaron a Moisés y le pidieron permiso para quedarse
allí, en lugar de ocupar su porción de la tierra de Israel. Dijeron: “Si hemos
hallado favor en tus ojos, deja que esta tierra quede en posesión de tus
servidores. No nos obligues a cruzar el Jordán”. (Números 32:5)
Moisés rápidamente consideró los riesgos.
Las dos tribus estaban poniendo sus propios intereses por encima de la
nación.
Serían vistos como líderes que abandonarían a sus tribus en el momento
en que más los necesitaban.
Habría una guerra, en realidad una serie de guerras, que debían
enfrentar los israelitas si querían heredar la Tierra Prometida.
Dijo Moisés: “¿Han de ir a la guerra vuestros hermanos israelitas
mientras ustedes se quedan sentados aquí? ¿Por qué desalientan a los israelitas
a cruzar a la tierra que Dios les ha prometido?” (32:6-7)
La propuesta era potencialmente desastrosa.
Moisés les recordó a los hombres de Rubén y Gad lo que ocurrió en el
incidente de los exploradores.
Diez de los exploradores desmoralizaron al pueblo al decirles que no era
posible conquistar la tierra. Los habitantes eran demasiado fuertes. Las
ciudades, inexpugnables.
El resultado de ese momento fue la condena de toda la generación a morir
en el desierto y demorar, por cuarenta años, la eventual conquista.
“Y aquí están ustedes, pecadores, ocupando el lugar de vuestros padres y
provocando un enojo aún mayor de Dios con Israel. Si ustedes dejan de seguirlo,
Él dejará nuevamente al pueblo en el desierto y ustedes serán la causa de su
destrucción”. (Números 32:14-15)
Moisés fue contundente, honesto y directo.
Lo que sigue a continuación es la ilustración de un modelo de
negociación positiva y resolución de conflictos.
Los integrantes de las tribus de Rubén y Gad reconocieron las demandas
de la totalidad del pueblo y la razón de la preocupación de Moisés.
Propusieron un compromiso: dejen que acopiemos provisiones para nuestro
ganado y nuestras familias, dijeron, y nuestros hombres acompañarán a los de
las otras tribus más allá del Jordán. Incluso irán al frente y no volverán hacia
su ganado y a sus familias, hasta que se hayan librado las batallas, se haya
conquistado la tierra, y hasta que las demás tribus hayan recibido su herencia.
Esencialmente invocaron lo que más adelante sería un principio de la ley
judía: que significa que un acto está permitido “si una de las partes
gana y la otra no pierde”.
Nos beneficiaremos, dijeron las dos tribus, al tener una tierra que es
buena para nuestro ganado, pero la nación no se perjudicará porque seremos
parte del pueblo, estaremos presentes en el ejército, incluso estaremos al
frente y estaremos allí hasta que la guerra sea ganada.
Moisés reconoce el hecho de que habían escuchado sus objeciones. Remarca
su postura para tener la certeza de que, tanto él como los demás, han
comprendido la propuesta y están dispuestos a cumplirla.
Extrae de ellos el compromiso de una doble posición, las dos positivas y
negativas: Si hacemos esto, estas serán las consecuencias, pero si no lo
hacemos, las consecuencias serán estas otras.
Las dos tribus lograron lo que querían, pero los intereses de las otras
tribus fueron asegurados. Esta es una clase maestra de negociación.
Este relato nos enseña que los seres humanos debemos, si queremos vivir
en paz, hacer lo que solo los seres humanos podemos hacer, HABLAR.
Los representantes de las tribus de Rubén y Gad le hablaron a Moisés, el
escuchó y respondió. Como consecuencia de ello ambos hicieron propuestas en
beneficio de todos.
La negociación entre Moisés y las dos tribus en nuestro parashá sigue
precisamente los lineamientos del Proyecto de Negociación.
Llegaron a la conclusión de que una negociación exitosa debe cumplir
cuatro procesos:
Separar a las personas del problema. Es esencial separarlas para que el problema pueda ser contemplado
objetivamente. No es cuestión de decir: vos sos tal cosa o tal otra…
Hacer énfasis en los intereses, no en las posiciones.
Inventar opciones de ganancia mutua. Esta idea se expresa halájicamente (en la ley judía) “Las dos
partes se benefician”.
Insistir en criterios objetivos.
Moisés cumple con los cuatro puntos. Primero, separa a las personas del
problema, al aclararle a las tribus de Rubén y Gad que la cuestión no tiene
nada que ver con lo que ellos son, sino con experiencias del pasado,
específicamente con el episodio de los exploradores.
Sin tener en cuenta la procedencia de los diez exploradores negativos y
de qué tribus provenían, todos sufrieron. Ninguno ganó.
El problema no era de una tribu u otra sino de la nación en su conjunto.
Segundo, se enfocó en los intereses, no en las posiciones.
Las dos tribus tenían interés en el destino de toda la nación.
Si hubieran privilegiado sus intereses personales, Dios se habría
enojado y todo el pueblo, habría sido castigado; entre ellos, las dos tribus.
Tercero, los integrantes de las tribus de Rubén y Gad inventan una
opción de mutuo beneficio. Si nos permiten hacer provisiones temporariamente
para nuestro ganado y nuestros hijos, dijeron, no sólo lucharemos en el
ejército, sino que nos posicionaremos al frente.
Nosotros nos beneficiaremos por haberse aprobado nuestro pedido, y la
nación se beneficiará por nuestra voluntad de asumir la tarea militar más
exigente.
Cuarto, el acuerdo se hizo sobre un criterio objetivo.
Los integrantes de las dos tribus no retornarían a la costa este del
Jordán hasta que las demás tribus se asentaran en sus territorios. Y, según la
narración del libro de Josué, así efectivamente ocurrió.
En síntesis, ese fue un modelo de negociación, una señal de esperanza
tras los numerosos conflictos destructivos detallados en el libro Números, así
como ejemplo alternativo para los múltiples conflictos de la historia judía,
con consecuencias tan desastrosas.
Observen que Moisés triunfa ni por ser débil, ni por tener la voluntad
de comprometer la integridad de la nación en su conjunto, ni por emplear
palabras melosas y evasiones diplomáticas, ni por imponer su condición de conductor,
sino por ser honesto, con principios, y por contemplar el bien común.
Todos nosotros enfrentamos conflictos en nuestras vidas.
Para lograr el bien común, para resolver los
conflictos que generamos o se nos generan en nuestras vidas es, a mi criterio,
imprescindible hablarle al otro u otros con voz suave y suficientemente audible
y luego hacer silencio para escuchar todo, sin interrupciones, lo que tienen
para decirnos.
En este mundo moderno, siglo XXI, apagar todos los
elementos electrónicos que pueden distraernos para que no nos distraigan.
Las partes deberán tener interés de cambiar para
poder acercar soluciones.
El ser humano es el animal parlante.
El ser humano aprende y aprender es cambiar.
El bien común es cuando ambos bandos ganan.
SHABAT SHALOM
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