NO ODIAR
NO ODIAR
Arieh Sztokman. Rabino
Ki Tetzé contiene más leyes que cualquier otro parashá de la Torá y
posiblemente apabulle el detalle.
Un versículo, sin embargo, resalta por su singular característica
“No odies al edomita, pues es tu hermano. No odies al egipcio pues
fuiste extranjero en su tierra”. (Deuteronomio 23:8)
Son textos muy inesperados.
Examinarlos y comprenderlos será para nosotros una lección importante
sobre todo para la sociedad en general.
Odiar es un sentimiento intenso y duradero de
repulsión, aversión o enemistad hacia una persona, grupo, animal o cosa,
acompañado por el deseo de desearle el mal, rechazarlo o destruirlo.
Es una emoción prolongada que se mantiene en el
tiempo.
Genera un desgaste interno y afecta la salud física
y mental de quien lo carga.
Puede impulsar actos de hostilidad o violencia
hacia el objetivo del rechazo.
Los judíos hemos sido objeto de discriminación racial con más intensidad
y durante más tiempo que cualquier otra nación en la tierra. Es por ello que
debemos cuidarnos aún más de no ser nunca culpables de lo mismo. Nuestra
creencia es que Dios nos creó a cada uno de nosotros, sin distinción de color,
clase, cultura o credo, a Su imagen.
Si despreciamos a otras personas por su raza, color, cultura o credo
estamos menospreciando la imagen de Dios y faltando el respeto a la dignidad
humana.
Si despreciamos a una persona por el color de su piel, estamos
repitiendo el pecado de Aarón y Miriam – “Miriam y Aarón hablaron mal de Moisés
por la mujer cushita que había desposado, pues había desposado una mujer
cushita.” (Número 12:1).
Existen diferentes interpretaciones de este pasaje, pero el sentido
común nos dice que menospreciaron a la mujer de Moisés porque, como la mayoría
de las cushitas, era de piel oscura, siendo esta una de las primeras versiones
registradas de prejuicio racial.
En cambio, debemos recordar la hermosa frase del Cantar de los Cantares:
“Soy negra, pero hermosa, Oh hijas de Jerusalem, como las tiendas de Kedar,
como las cortinas de Salomón. No me miren fijamente por ser oscura, pues el sol
ha puesto su mirada en mí.” (Cantar de los Cantares 1:5)
Los judíos no nos podemos quejar de que otros tengan actitudes racistas
hacia ellos si ellos tienen la misma actitud hacia otros. “Primero corrígete,
luego corrige a los demás,” dice el Talmud (Baba Metzia 107b).
Se atribuye a Mahatma Gandhi “Se tu el cambio que quieres ver en el
mundo”.
El Tanaj (Biblia Hebrea) califica negativamente a algunas otras
naciones, pero siempre por sus falencias morales, nunca por su color o
etnicidad.
“No desprecies al egipcio, pues
tú has sido extranjero en su tierra.”
Esto es extraordinario.
Los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel y concibieron un
programa de lento genocidio, impidiendo que salieran a pesar de las plagas que tuvieron
un efecto devastador sobre su tierra. ¿No son estos motivos para odiar?
Es cierto.
Pero los egipcios refugiaron inicialmente a los hijos de Israel en los
tiempos de hambruna. Ellos honraron a José cuando fue nombrado segundo del
Faraón.
Las maldades que cometieron contra los hebreos fueron causadas por “un
nuevo Rey que no había conocido a José” (Éxodo 1:8) y a instancias del Faraón,
no del pueblo en sí.
Además, fue la hija del mismo Faraón la que rescató y adoptó a Moisés
cuando su madre deposito en el rio la canasta que lo contenía cuando era bebe.
La Torá hace una clara distinción entre los egipcios y los amalekitas.
Estos últimos están destinados a ser los enemigos eternos de Israel, pero los
anteriores no.
Tiempo más tarde, Isaías enunció una notable profecía – que llegaría el
día en que los egipcios sufrirían su propia opresión. Clamarían ante Dios, que
los socorrería igual que había hecho con los hijos de Israel:
“Y cuando se vean oprimidos y pidan socorro a Yave, Este les mandará un
salvador que los defenderá y libertará. Así, Yave se dará a conocer a los
egipcios y estos, al conocerlo, honraran con sacrificios y ofrendas. Harán
votos a Yave y los cumplirán. Pues bien, si Yave ha castigado estrictamente a
los egipcios, también los sanará. Se volverán a Yave, que los atenderá y los
consolará” (Isaias 19:20/22)
La sabiduría de Moisés de no despreciar a los egipcios brilla aún hoy.
Si el pueblo hubiera seguido odiando a los opresores de entonces, Moisés
habría sacado a los hijos de Israel de Egipto, pero no a los opresores de dentro
de los hijos de Israel. Habrían continuado siendo esclavos, no físicamente pero
sí psicológicamente. Serían esclavos del pasado, cautivos de las cadenas del
resentimiento, imposibilitados de construir un futuro.
Para ser libre, debes liberarte del odio.
No menos sorprendente es la insistencia de Moisés. “No desprecies al
edomita, porque es tu hermano.” Edom es, naturalmente, el otro nombre de Esau.
Hubo un tiempo en el que Esau odiaba a Jacob y juró matarlo.
Además, antes de que nacieran los mellizos, Jacob y Esau, Rebeca recibió
un oráculo que le dijo: “Dos naciones alojas en tu vientre, y dos pueblos
dentro de ti serán separados; un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor
servirá al menor.” (Génesis 25:23)
Cualquiera sea el significado de estas palabras, parecen dar a entender
que habrá un conflicto eterno entre los dos hermanos y sus descendientes.
Puede ser que Esau odie a Jacob, pero no significa que Jacob deba odiar
a Esau.
Contestar odio con odio es bajarse al nivel de tu oponente.
“La oscuridad no puede desplazar a la oscuridad, solo la luz puede hacerlo.
El odio no puede desplazar al odio, solo lo puede hacer el amor.
O como dijo Kohelet (Eclesiastes), hay “un tiempo para el amor y un
tiempo para el odio; un tiempo para la guerra y otro para la paz.” (Eclesiastés
3:8) “No hay oscuridad tan grande que pueda apagar la luz de una sola vela”.
Cuando Esau se encontró con Jacob por última vez, lo besó y abrazó “con
todo corazón.”
El odio, especialmente dentro de la familia, no es eterno ni inexorable.
Debemos estar siempre listos, parece indicar Moisés, para una reconciliación
entre enemigo ss.
Las dos órdenes de Moisé contra el odio ejemplifican su grandeza como
líder.
Es lo más fácil del mundo convertirse en líder movilizando las fuerzas
del odio. Es lo que decenas de predicadores del odio hacen en la actualidad,
frecuentemente usando internet para comunicar paranoia e incitar a actos de
terror. Finalmente, fue esta la técnica que utilizó “el innombrable nazi” como
preludio del peor crimen contra la humanidad de toda la historia.
El lenguaje del odio es capaz de crear enemistad entre personas de
distinta fe y etnicidad que habían vivido juntos en paz durante siglos.
Ha sido consistentemente la fuerza más destructiva de la historia, y aún
el conocimiento del Holocausto no lo ha logrado frenar en Occidente y parte de
Oriente.
Es la marca indudable de liderazgo tóxico.
El liderazgo en su aspecto más elevado transforma a los que lo ejercitan
y a los influenciados por él.
Los grandes líderes hacen que la gente sea mejor, más amable, más noble
que lo que hubiera sido de otra manera. Ese fue el logro de Washington,
Lincoln, Churchill, Gandhi y Mandela. El caso paradigmático fue el de Moisés,
el hombre que ha tenido la influencia más duradera que cualquier otro líder de
la historia.
Esto lo hizo enseñando a los hijos de Israel a no odiar.
No olvides el pasado, pero no permanezcas cautivo de él. Debes estar
dispuesto a luchar contra tus enemigos, pero nunca te permitas ser definido por
ellos ni ser como ellos. Aprende a amar y perdonar. Reconoce lo que hacen los malvados,
pero concéntrate en lo bueno que está dentro de nuestras posibilidades de
hacer. Solo así podremos elevar la moral de la humanidad y ayudar a redimir el
mundo que compartimos.
La Parasha Ki Tetze termina diciendo: “…habrás de borrar la mención de
Amalek de bajo los cielos; no olvides”. (Deuteronomio 25:19)
Lamentablemente en nuestra tradición judía tenemos muchos
“innombrables”. No nombrarlos ayuda mucho a “no odiar”.
SHABAT SHALOM
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