REZO COMUNITARIO
REZO COMUNITARIO
Arieh Sztokman. Rabino
Durante la primera cuarentena
del coronavirus, me hicieron una pregunta más que ninguna otra: ¿Qué pasa con
la tefila (la oración)?
Justamente cuando más lo
necesitábamos, nos encontramos impedidos de participar en la oración comunitaria.
Nuestras oraciones más sagradas,
son comunitarias. Requieren un minián (10 personas adultas).
Eso es lo especial de cómo
nosotros como judíos venimos ante Dios, no como “yo” sino como “nosotros.” ¿De
qué manera entonces, habríamos de hallar fortaleza espiritual sin esta
dimensión comunitaria?
Esta era, efectivamente, una
terrible privación. No tiene sentido minimizar la pérdida.
Cuando hago tefila solo, puedo
hacerlo con egocentrismo, pidiendo por algo que me puede beneficiar
directamente pero que podría ser dañino para otros. Si yo vendo helados, quiero
que salga el sol, pero si vendo paraguas, quiero que llueva.
Haciendo tefila juntos no
buscamos el beneficio propio sino el común.
La tefila comunitaria no es
solo una expresión de comunidad. Es también una forma de construirla. De ahí el
costo psicológico de la cuarentena. Somos seres sociales, no solitarios. La
mayoría de nosotros busca estar en compañía.
Y aún las maravillas que son
Zoom, Skype, YouTube, Facebook, WhatsApp no pueden compensar la pérdida de lo
verdadero: el encuentro cara a cara.
Pero algo se gana en la tefila
en aislamiento.
Tefilá comunitaria implica
ir a la velocidad de la congregación. Es difícil disminuir el ritmo para poder
meditar extensamente sobre alguna de las plegarias en particular: su
significado, su melodía, ritmo y estructura.
La tefila es esencialmente una
especie de contrapunto entre hablar y escuchar. Pero la tefila comunitaria requiere
frecuentemente más hablar que escuchar. La cuarentena significó que pudimos
escuchar más la poesí
a y la pasión de las oraciones
mismas. Y en la tefila se trata de escuchar, no solo hablar.
hasket u-shema Israel:
“Haz silencio y escucha, Israel. Tú ahora te has transformado en el pueblo del
Señor tu Dios.” (Deuteronomio 27:9)
Ahí, está la diferencia
fundamental entre oír y escuchar lo que se
desea comunicar. Oír nos dice lo superficial, lo externo de las cosas. Escuchar
trata de lo interno, lo profundo
En otras palabras, es a
través del sonido, especialmente cuando se habla y se escucha, que estamos
presentes uno para el otro como sujetos, más que como objetos.
Al escuchar, nos encontramos
con la dimensión profunda de la realidad.
Cuando escuchamos, estamos
mucho más comprometidos que cuando participamos simplemente oyendo.
Una de las características
especiales de la Biblia hebrea (Tanaj). Dios creó el universo mediante
palabras. Se revela ante Su pueblo por medio de palabras. Hace un pacto con
ellos con palabras. El último y culminante libro de la Torá es Devarim,
“palabras.” Si lo más grande que hace Dios es hablar, lo más grande que podemos
hacer nosotros es escuchar.
También existe una diferencia,
entre oír y escuchar, frecuentemente ocultada
porque el verbo en hebreo, shemá, significa ambas cosas. Pero
son muy distintas.
Oír es pasivo, escuchar,
activo. Oír no requiere concentración especial, escuchar, sí. Involucra
atención, enfoque y apertura al otro.
Uno de los dones más grandes
que se nos puede dar es encontrar una persona que realmente nos escuche.
Lamentablemente, esto pasa raras veces. Con frecuencia estamos tan concentrados
en lo que vamos a decir a continuación que en realidad no escuchamos con
profundidad lo que la otra persona está diciendo. Y así es con la tefila.
También está la extraña
elección de Moisés el elegido para ser la voz de Dios ante Israel por todos los
tiempos. Moisés le recordó repetidas veces a Dios que él no era hombre de
palabras, que no podía hablar, que tenía “los labios no circuncidados.”
La Torá ciertamente nos está
diciendo varias cosas, ¿pero no podría ser una de ellas que, ya que tenía
dificultades en hablar, Moisés habría aprendido a escuchar? Sin duda Moisés escuchó a
Dios mejor que cualquier otro personaje de la historia.
Dios estaba en el kol
demamá dacá, la “pequeña, suave voz” que significa “un sonido que solo se
puede oír si uno está escuchando.”
Quiera Dios que hayamos
obtenido de este tiempo angustiante de aislamiento: la capacidad de ralentizar
nuestras tefilot (oraciones) y escucharlas, permitiendo que su poesía nos
penetre más profundamente que en otros tiempos.
Precisamente cuando es difícil ver la
presencia Divina, podemos concentrarnos en escuchar. Escuchar es
una de las grandes artes. Nos abre a Dios, a nuestros semejantes, a las
bellezas de la naturaleza. Uno de los regalos de este tiempo tan difícil es la
capacidad de ralentizar la tefila para poder escuchar cómo me habla.
Rezar que en hebreo es Lehitpalel
(verbo reflexivo) que es tanto escuchar como hablar.
Dado que Lehitpalel es un
verbo reflexivo al llevarlo al castellano debiera ser ~rezarse. ~ Dios esta
dentro de cada uno de nosotros.
Y la fe, propiamente, es la capacidad de oír
la música que está debajo del ruido.
SHABAT SHALOM
Comentarios
Publicar un comentario